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Vuelve Alerta Tierra, con el desafío de visibilizar tanto las problemáticas y conflictos socio-ambientales contemporáneos, como esa otra cultura que se está gestando a partir de las transformaciones que individuos y comunidades vienen produciendo, a fin de encontrar  soluciones y alternativas ante la crisis ecológica y social que atravesamos como humanidad. En esta nueva etapa, se incorpora como columnista Federico Paz, Licenciado en Antropología Social y se suma también el aporte de gente de diversas latitudes, de varias profesiones y condiciones sociales que levantan su voz y desde distintos ámbitos asumen un rol activo de resistencia a la destrucción capitalista y compromiso con el futuro de la tierra. De bienvenida, estimados lectores, un sueño de pueblos libres que seguro muchos llevamos en el corazón…

Soñé que Colombia era libre. Un coro de pájaros cantaba cumbias a la libertad. La tierra fertilizada por nuestra gente, florecía asombrada ante las vidas que regresaban, desde la memoria a la historia.

Semillas no transgénicas esperaban pacientemente su turno para nacer.

Un manto de humus largamente fecundado cuidaba los brotes más tiernos. Un rio de coraje y ternura, sin represas, acariciaba las orillas soñadas, prometiendo descanso. La paz danzaba enamorando a la justicia. Y el pueblo…reía. Las risas como ráfagas espantaban el miedo, disparaban contra el dolor…

Soñé que Colombia era libre… que inauguraba plazas en los corazones de la gente sencilla, donde bailaban los sueños olvidados. Soñé que una pajarita que había migrado de su árbol, regresaba a él. Soñé la vuelta al nido de millares de pajaritas. El sueño fue creciendo su audacia, y fueron millares de mujeres, hombres, niñas y niños quienes regresaron a us tierras…

Soñé que un coro de jóvenes cantaba a las esperanzas retornadas. Soñé que eran hijos e hijas de los combatientes de todos los tiempos, que abrían sus alas para ayudar a volar los sueños que les confiaron sus padres y madres… porque nadie, en realidad, puede cargar solo o sola los sueños de varias generaciones…

Soñé que una generación recién nacida hacía un collar de sueños perdidos, y adornaba con ellos la marcha del pueblo.

Soñé que todos los sueños echaban a volar, como bandadas de golondrinas buscando su sur.

Soñé un amanecer con torcazas en la playa, fogones en los bosques, colibríes bebiendo el néctar de las flores, hasta emborracharse de belleza.

No quise despertar…

Algunas veces, despertar puede significar perder los sueños. A veces los sueños se nos escapan cuando nos creemos despiertas.

Soñé que me iba sumergiendo lentamente en el humus, en la corteza del mundo… en la orilla del camino… y ahí me encontraba con las compañeras y compañeros, con sus huesos, con su sangre, con sus gritos de combate, con sus caricias, con sus besos clandestinos, con sus resistencias intactas.

Soñé que me abrazaba a la memoria colectiva, para inventar un sueño que pudiera ser vivido a toda hora… un sueño no inducido… un sueño no anestesiado… un sueño sin pesadillas.

En el humus nos encontramos. Nos reconocimos. Vamos naciendo. Vamos regresando. Sobrevivimos a todas las muertes. Somos los sueños que no fueron derrotados. Somos los sueños que seguimos soñando. Caminando soñamos. Y los sueños ayudan a abrir caminos. Sueños, pasos y hechos.

De Colombia Libre- Insurgencias del corazón- Claudia Korol- América Libre